Mostrando entradas con la etiqueta 348. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 348. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de noviembre de 2012

Bricolaje

Si hay algo que queramos de verdad los amantes de las motos además de, evidentemente, una o varias de éstas, es un buen garaje donde conservarlas y poder "meterles mano" con tranquilidad. 
Es un hecho que, a diferencia de la mayoría de usuarios de automóviles, a los que tenemos moto nos gusta casi tanto montar en ella como pasar ratos interminables alrededor suyo, sea limpiándola, sacándola brillo, montando o desmontando accesorios, o desarmándola por completo para volverla a montar después. 
Cierto que con los tiempos que corren cada vez tienen -como los coches- menos cosas que tocar, a no ser que seas experto en electrónica e informática, pero incluso ahora siguen siendo mucho más accesibles y propensas al bricolaje casero que un cuatro ruedas.
Muchos de mis mejores recuerdos, y alguna gran amistad, tienen su origen alrededor de una moto desmontada. De niños, estábamos todo el día revisando los ciclomotores de la pandilla, limpiando bujías y filtros, tensando cables o cambiando bombillas; recuerdo con mucho cariño los días que pasamos en el garaje de Nando cuando decidió pintar de amarillo su 348, repasando en dorado la firma de Malcolm Rathmell con aquel pincel "de pelo de marta" que le recomendó Jonás, y oyendo una y otra vez todas las canciones de Tequila...; son ese tipo de cosas que te hacen aficionarte a las herramientas y los trapos.
No soy realmente un manitas, pero con el tiempo me he ido atreviendo a hacerle algunas cosillas a mis motos, como cuando decidimos desarmar por completo la K75 en casa de Miguel (lo de "decidimos" le incluye, claro): nos pasamos un fin de semana completo encerrados en su garaje, disfruté como un enano de su compañía y de lo que estábamos haciendo, y el remate vino cuando, después de montarla otra vez, ¡funcionó!¡qué satisfacción!        

Ahora tengo, por fin, garaje propio donde pasar el rato con mis cacharros y tratar de arreglar o mejorar todo lo que cae mis manos, así que puede uno imaginarse dónde encontrarme, sentado en mi taburete, con una herramienta en la mano, unos trapos cerca, y una música de fondo... 

jueves, 25 de octubre de 2012

En movimiento. Me acabo de apuntar a una promoción de BMW para probar la nueva R1200GS ¡nada menos que cruzando América! Lógicamente, en cuanto lo he comentado en casa, mi mujer me ha preguntado que si estoy loco... La respuesta es obvia: sí, por supuesto.
Preguntaban en el cuestionario de inscripción por el nivel que uno cree tener de conducción, tanto en carretera como en circuito y fuera de asfalto; y como soy un loco prudente, he declarado tener un nivel "básico" de conducción en cualquier terreno. Claro que a lo largo de los más de treinta años que llevo disfrutando de la moto he tenido ocasión de pasar por situaciones de casi todo tipo, pero uno se monta cada mañana pensando que siempre se aprende algo nuevo; y no nos olvidemos de que nunca he participado en competición motociclista alguna, de ninguna modalidad.
Pensando en el "nivel de conducción" que podía declarar, me he puesto a pensar en mis experiencias y, aunque es verdad que de unos años a ahora prácticamente sólo me muevo por carretera, como casi todos los de mi edad he empezado por el campo. Me ha dado por recordar en qué condiciones se ha ido formando mi básica conducción por tierra: desde aquellos primeros ciclomotores de marchas desinteresadamente prestados por toda una colección de amigos inolvidables (¡gracias siempre a todos!) o mi hermano, pasando con los años a conseguir que entre mis manos circularan motos como las Enduro 250H o Matador 350 de Narci y Onofre, la KTM del Gitano, la 348 de Nando... Y he recordado una en la que nunca llegué a montar delante y que desde entonces (finales de los 70) es una de las que más ilusión me haría volver a ver: la Explorer de Ángel; desde entonces ya ha llovido, y como puedo comprobar cada vez que tengo la oportunidad de subirme en una moto moderna, el mundo avanza que es una barbaridad y las motos de ahora son maravillosas comparadas con aquéllas que almaceno en mis recuerdos de juventud.
Pero lo bonito de esto es que cuando me subo en, por ejemplo, mi Enduro H6, vuelvo a disfrutar por completo; no se trata de comparar nada, sólo de disfrutar, y eso me lo sigue dando hoy por hoy cualquier moto en la que me suba.
Y retomando mi reflexión del principio: no puedo decir que tenga la experiencia "trailera" que me haga candidato número 1 a conducir la GS por cualquier terreno, pero sí creo que tengo la cintura suficiente para superar lo que venga, y por cuestión de tamaño y peso es hermana de mi R1150R. Seguro que me encontraré ante situaciones nuevas, pero a esas ya digo que salgo preparado cada mañana...